Mi museo de la magia (19): La enciclopedia de magia del tio Cigüeño, 1839

// febrero 19th, 2015 // Inspiración, Mi museo de la magia

Pocas cosas hay que te alegren tanto el día como recibir un telefonazo de un viejo amigo (desde 1981 u 82) con el que has compartido escenarios, ensayos, viajes. Javier Escribano protagonista del teatro navarro me llama me cita, (acudo con mi mujer, Pepi, también amiga suya y compañera de teatros, deseosa de reencontrarse. Él viene con Flor ¡besos!) y me regala una joya de la bibliografía mágica. Inencontrable. El libro del Tio Cigüeño, Madrid, 1839. Me quedo estupefacto. Es una edición original (hay una facsímil de 2011 pero no parece estar disponible, ). Esta es en resumen su historia y la de su autor.

navarcadabra

1839, ejemplar de la Biblioteca Nacional

           Johann Mieg, nació en Basilea, Suiza, en 1780, hijo de un comerciante que tuvo tres hijos más, supongo que rico para atender los estudios de Johann, pues después de ir a la Universidad de Friburgo asistirá a la de París: matematicas, física, química, dibujo científico… fue un buen estudiante y pronto se hizo cargo de las clases en algunas suplencias. Se estableció como profesor en Blois y afrancesó su nombre de pila en Jean.

Aficionado a los juegos de manos –o sea, al ilusionismo o “majia simulada”- cayo en gracia al exiliado Fernando VII, recluido por Napoleón en el castillo de Valençay, que le contrató como profesor de ciencias de sus hijos. De regreso a España, recobrado el trono, Fernando VII le ofrece un puesto en la Casa Real y así Johann-Jean, pasará a ser Juan. Moriría en Madrid en 1859.

        Digamos entre paréntesis que otro mago de Basilea, Roberto Giobbi, tiene una estrecha relación con España por su amistad con Juan Tamariz y lo que internacionalmente se conoce dentro del mundo del ilusionismo como “la Escuela Mágica de Madrid” de la que es “escolar”. No se trata de un centro pedagógico sino más bien de un enfoque artístico en el mismo sentido que podemos referirnos a la Escuela Flamenca al hablar de determinada época de la pintura holandesa. Giobbi, nacido en 1959 ha fijado el vocabulario técnico de la magia con cartas, regularmente viene a impartir cursos y conferencias. Cierro paréntesis.

Juan Mieg será una figura capital en el desarrollo de la investigación y la docencia en física y química, que prácticamente se funda con él al amparo del rey. No habiendo libros de texto tomará traducciones del francés o escribirá los suyos propios. Pronto será un hombre popular, implicado en la fundación del Ateneo madrileño, dando clases de alemán y otras actividades socio-culturales, destacando el impulso de la afición al coleccionismo de insectos. Desde que llegara a España en 1814 se preocupó de impulsar los estudios de lo que se llamaba Historia Natural y fue precursor de la entomología. De hecho en sus libros acusa la dificultad de no poder utilizar un vocabulario castellano por inexistente.

Escribió:

-“Lecciones de química para uso de los principiantes”, 1816. Manual a partir de textos franceses, traducido con la colaboración de su ayudante Joseph Acosta. En 1822 publicaría unas Adiciones, actualizando los nuevos conocimientos de la época.

-“Instruccion sobre el arte de conservar los objetos de Historia Natural: precedida de algunas relexiones sobre el estudio de las ciencias naturales”, 1817.

-“Paseo por el gabinete de Historia natural de Madrid, ó descripción sucinta de los principales objetos de zoología que ofrecen las salas de esta interesante colección”,1818.

-“Coleccion de láminas para servir de suplemento á la obrita titulada “Paseo por el Gabinete de Historia natural de Madrid, por D. Juan Mieg …”, 1821.

-“Colección de problemas y cuestiones sobre la física y la química  por Don Juan Mieg “, 1840.

-“Introducción a la historia natural de los insectos, con el modo de cojer, matar y conservar estos animales recopilada de varias obras extranjeras…” 1846.

En 1825 se estableció en Carabanchel y no sé por qué se le empezó a conocer como El Tío Cigüeño (aunque sospecho fue autodenominación por traer al mundo a cinco, quizá seis, traviesos retoños). Hay al menos tres libros firmados por él con ese seudónimo. Los dos primeros carecen de interés y el tercero es el que provoca este artículo y traer a la memoria la figura de este biólogo, físico, químico e ilusionista aficionado:

-“Cuatro palabras a los señores traductores y editores de novelas por un suscriptor escarmentado El Tío Cigüeño”, 1838.

-“Historia romántica de las tribulaciones, amoríos posesión y vindicación del Tío Cigüeño con su feliz exorcización”, 1841 (año de su divorcio al parecer). Falsamente se indica 2ª edición y París como lugar de impresión. Fue edición única y en Madrid. Apenas 32 págs, para defenderse de las acusaciones o rumores extendidos por su mujer, una alemana llamada Elisabet Eislin fallecida en 1844, con la que tuvo cinco o seis hijos.

-“El brujo en sociedad, ó sea breve instrucción para aprender a ejecutar con destreza muchos juegos de manos y otras suertes curiosas y divertidas; con cuatro láminas por Don Juan Mieg”. 1839. Donde se revela como autor de

-“Noticias curiosas sobre el espectáculo de Mr. Robertson, los juegos de los indios, las máquinas parlantes, la fantasmagoría, y otras brugerías de esta naturaleza. Por un aficionado a la magia blanca”, 1821.

 

En “El brujo en sociedad…”, Mieg resume la magia de la época. Sus conocimientos de idiomas hacen que su obra pretenda paliar errores de traducción o de concepto anteriores. En realidad solamente se refiere dos obras que confiesa ser las únicas que conoce en castellano. El libro de Pablo Minguet e Yrol “Engaños a ojos vistas, y diversión de trabajos mundanos…”, el primero de magia en castellano, publicado unos 100 años antes y reeditado constantemente en ediciones piratas. Del que en mi exposición o museo itinerante por casas de cultura y centros cívicos muestro un bello ejemplar. Para 1839 este libro le parecía a Mieg obsoleto en algunos puntos. Aún así es el gran best-seller de la magia en español a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, con sucesivas adiciones o reformas. Y el libro “La mágica blanca descubierta o bien sea arte adivinatoria…”, 1833, que le parece un batiburrillo desordenado. No le falta razón. Aunque hoy tiene un indudable interés histórico, no deja de ser una refundición incompleta de diversas obras de física recreativa, el de Minguet y algunos autores franceses, destacando Decremps, del que si existe una edición española de 1791, ampliada en 1792 con juegos de magia variados, incluyendo el repertorio de Pinetti, el más célebre ilusionista del siglo XVIII. Aunque no menciona otras obras es cierto que hay una escasa producción de media docena de libritos anteriores al de Mieg, dedicados a física recreativa y juegos de manos, aunque algunos de ellos no los conocemos sino por referencias.

Mieg se propone actualizar esos dos libros precursores y publicar un volúmen complementario de aquéllos. Siendo una autoridad en ciencias se comprenderá que sea especialmente crítico con los efectos mágicos que requieren el auxilio de la química. También quiere enmendar errores de traducción del francés.

Pero la realidad es que el libro de Juan Mieg es autónomo en sí mismo. En opinión de Juan Tamariz, se trata del primer autor “en España que explica todas las técnicas [se entiende las vigentes entonces, porque la técnica ilusionista ha dado pasos de gigante desde entonces], la parte artística y psicológica”. La obra se divide en cinco secciones. “Suertes matemáticas”, por ejemplo si una persona tiene un número par de monedas en una mano y en la otra un número impar, adivinar en que mano se encuentra el número par. Se incluyen también algunas curiosidades geométricas. “Suertes de naipes” Tanto las basadas en matemáticas o arreglos de la baraja como en la pura habilidad. “Suertes mecánicas”. Sin ilusión y con ilusión. Las primeras son puzzles, alguno de los cuáles todavía vemos venderse en las tiendas de regalos. Con ilusión quiere decir que son efectos mágicos como hacer aparecer o desaparecer monedas, transformación de una baraja en un animalito o en dulces (en el mundial de magia de 1985, el gallego Antón hizo aparecer un pequeño enjambre de abejas que sembraron el pánico en algunos y las risas en otros). Llama papel-proteo a lo que hoy llamamos papel multiforme: un papel plegado en acordeón y con varios otros pliegues que sirve para hacer diversas figuras (Un enlace a video con la actuación de Marko, mago panameño erudito de la historia de la magia y rescatador de viejos tesoros escondidos en los libros antiguos: pincha aquí ) O el sombrero Proteo, que yo tengo en repertorio. Un ala de sombrero sin copa, que se pliega realizando varios sombreros diferentes a modo de papiroflexia pero con una circunferencia o corona circular de fieltro. Acto inventado en París en 1618 por Tabarin, un artista callejero de la Comedia del arte. En honor de su inventor quienes practicamos esta suerte de arte afín al ilusionismo preferimos el afrancesado término “Chapografía” que el más preciso “Sombreroflexia”. Una sección de juegos químicos e ilusiones ópticas no podían faltar en un libro escrito por un científico: cambios de color de una cinta o imitación del hielo, por ejemplo.Y finalmente el capítulo “Variedades” que van desde una ficticia decapitación a la escritura de mensajes cifrados.

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La sombreroflexia

El libro concluye con una nota por la que el Tío Cigüeño se ofrece a dar dos clases gratis a domicilio sobre aquello que no se puede aprender en un libro, sino bajo la supervisión de un maestro. Bastando para ello dejar un recado en el café de la Europa en calle corredera baja de San Pedro, de Madrid. Actualmente la calle (cerca se encuentra el Teatro Alfil) hace un triángulo con la C/ Ballesta y la C/ del Desengaño. E incluye un tramo de la C/ del Pez y la C/ de la Puebla. Hay diversos cafés y los ha habido de larga tradición.

La razón de que el Tío Cigüeño no reciba para dar las clases y prefiera trasladarse al domicilio del alumno, es por la mala relación con su esposa. Aquí lo explica el autor bajo el seudónimo de El Compadre, “la casa de mi amigo [el Tío Cigüeño] no es nada á propósito para semejantes academias májicas: puesto que el tio y la tia Cigüeños no hacen migas, que hay chicos malos enemigos de la dulce paz, y que no quisiera que el lector pacífico fuese testigo de ciertos juegos de manos que tal vez no serían de su gusto”. No le faltaba sentido del humor al suizo profesor universitario que llegó a España por la casualidad de llamar la atención del rey con sus juegos de ilusionismo.

Pero no terminemos como acaba su libro El tio Cigüeño. Dice Juan Tamariz “Si este libro no es una auténtica enciclopedia mágica ¿cuál puede serlo?”. Enterrado en un lenguaje arcaico encontramos algunos tesoros de la cartomagia todavía vigentes.

Gracias Javier, un libro del que entresacar algunos juegos para mostrar en mi exposición itinerante como era la magia de principios del siglo XIX. Sus páginas quedaran bien custodiadas, pero su contenido será difundido. Que es, al final, la voluntad de todo autor.

Mi exposición de magia viaja a casas de cultura, festivales de magia, centros cívicos, etcétera. Si tienes interés en llevarla a tu ciudad o evento escríbeme a navarcadabra@iurgimagia.com

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