Harry Potter, especulaciones inagotables

// Agosto 3rd, 2017 // Noticias

Una literatura con mayúsculas

Siempre sostengo que la saga de Harry Potter es mucho más que una colección de libros de literatura infantil-juvenil. Y digo “infantil-juvenil” en el peor sentido del término. Lecturas efímeras de infancia y adolescencia para entretenimiento. Aunque a estas a alturas ya sabemos de buenos libros que fueron y son catalogados así, con desdén, pero que han transcendido al paso del tiempo y forman parte de las obras maestras de la literatura, como son:

El principito, que esta en los estantes infantiles solamente por su aparente sencillez, interrogando sobre el sentido de la vida. Los viajes de Gulliver, otra obra que en realidad trasciende lo infantil pues es una sátira de su época. Alicia en el país de las maravillas. Aunque escrito para la niña Alicia Lidell, tiene también referencias satíricas adultas, algunas hoy son indescifrables. Platero y yo nunca fue un libro infantil. Salvo por cuatro momentos líricos y su inicio tan célebre como el del Quijote: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. (…)”. Por lo demás rebosa de la melancolía existencial de un señorito andaluz de regreso a su pueblo natal.  “Las aventuras de Sherlock Holmes” puede que se encuentren también en ediciones o colecciones juveniles, pero no fueron escritas para ese público. La lista sería interminable y lo que tienen en común todas estas obras es que son para todo lector cualquiera que sea su edad. Es su evolución entre los lectores, la moda o el marketing lo que las colocan destinadas a un público u otro según las épocas. Por supuesto también hay grandes obras literarias que desde el principio se destinaron al público infantil o juvenil tal que La historia interminable, Charlie y la fábrica de chocolate, Pippi Calzaslargas, etc. 

Harry Potter y los niveles de lectura

En definitiva la literatura es buena o mala y la edad… cada lector encuentra su libro, cada libro encuentra a su lector. Con Harry Potter niños y niñas que no leían se enfrascaron en tomos bastante gruesos. Crecieron a la vez que los personajes. Algunos detractores ven en la obra una defensa de la superstición y de las cosas obtenidas sin esfuerzo, pero no han debido leer ni el primer libro. Los lectores aprenden -como en otras obras imperecederas- el valor de la amistad, del trabajo en equipo, de la constancia y la disciplina, del estudio y del esfuerzo, el equilibrio entre obedecer y hacerse autónomo, a confiar en sí mismos y en los demás, a distinguir el bien del mal. En Harry Potter la magia no es gratuita. Ni siquiera la magia surge por arte de magia… Es una aventura de maduración. El viejo cuento del niño que se hace héroe y se conquista a si mismo y a su destino. Un clásico en la estructura de los cuentos populares.

Cada lector hace un itinerario psicológicamente diferente. Desde quien ve solo la aventura y quizá a una edad no haya otra cosa que ver aparte de ese mensaje de camaradería y solidaridad de grupo que he mencionado más arriba. Quien, ya he dicho también, le parece una lectura antipedagógica. Hay quien rastrea estructuras y mitos ocultos hasta lo absurdo. Algunas comparaciones son pertinentes: J. K. Rowling no deja de ser una escritora deudora de la literatura y la filosofía occidental, así como de los mitos grecorromanos que junto al judeo-cristianismo sustentan el imaginario de nuestra civilización. Ahora bien, de ahí a rebuscadas teorías conspirativas que harían de la obra de Rowling una trampa para niños destinados al culto demoniaco, a difundir los valores de los Illuminati (secta inexistente como no la haya fundado anteayer algún fan del best-seller El código DaVinci) hay un abismo que cualquiera con dos dedos de frente no salta. Tampoco sus lectores infantiles, que distinguen perfectamente entre los “cuentos de hadas” y la realidad.

Severus Snape, transexual

Lo que no quita para reconocer en el conjunto de los libros de la saga un entrelazamiento en las visicitudes de los personajes y sus personalidades. Conforme avanzamos en la lectura y luego en la relectura, vemos como si fuesen un conjunto de muñecas rusas que cada libro nos da luz sobre lo que leímos en el anterior, como nos la arroja sobre lo que leeremos en la próxima entrega. J.K. Rowling además ha tenido un buen talento para reconstruir con posterioridad al éxito editorial, nuevos datos que dan más coherencia a toda la obra.

Del mismo modo que con el universo de El señor de los anillos, -otra obra maestra- hay una legión de fans ocupados en interpretar y reinterpretar una y otra vez la más mínima línea. Yo no estoy entre ellos. He disfrutado del mundo Potter como lector y espectador, pero nada más. Esto no quita para que como ilusionista profesional me atraiga leer cómo los fans construyen y deconstruyen ese mundo imaginario. Me ayuda a comprender cómo la magia -que todos sabemos es una fantasía- es entendida por quien no conoce los secretos y me da tema para algunos de mis juegos de ilusión.

Y como suele suceder todo lector proyecta también en la obra las cosas que ocupan a su mente. Así es interesante para algunos preguntarse sobre la identidad de género o la orientación sexual de los personajes. Un asunto que antaño no interesaba a la literatura infantil y juvenil excepto para establecer criterios claros cisgénero y heterosexistas a los lectores. Hoy, que se admite más fácilmente vivir en una sociedad donde las fronteras de la identidad y de la orientación sexual de los sujetos son más difusas. No podía ser menos con los personajes literarios. Y algunas personas encuentran en el personaje de Severus Snape una identidad transexual. Esto no tiene nada de particular, claro. En mundo plural, plurales han de ser los referentes literarios. Pero no deja de ser una interesante interpretación que además se apoya sólidamente en los textos de las novelas de Harry Potter.

Con estas líneas he querido poner de manifiesto que nada de lo que hacemos -lo digo mucho de mis espectáculos- es inocente. O inocuo. No hay entretenimiento sin mensaje. Aunque no queramos. A veces el mensaje quizá ni siquiera esta en mi magia, en mi espectáculo. Sino en mí mismo. En cómo me dirijo a los espectadores, cómo visto o cómo hablo. Volviendo a Severus Snape invito a leer el siguiente artículo.

Muy bien escrito, muy bien argumentado y para los seguidores de la saga será muy revelador. Para quienes no tienen interés en Harry Potter… bueno, si han leído hasta aquí será una buena lectura veraniega.

También puede interesarte este otro enlace a algunos de los escenarios reales del rodaje de las películas. En internet hay algunas ofertas turísticas, pero me ha parecido más interesante enlazar a un blog de viajes de una familia real, que siempre tiene más calor humano. Pincha aquí

Más sobre mí en este blog y mis magias también en www.navarcadabra.com Puedes contactarme para cualquier consulta por estos medios

Leave a Reply