¿Cómo evaluar o distinguir la profesionalidad?

// julio 11th, 2015 // Consejos

No hay tiempo para una segunda impresión. Pasados unos segundos ya nos hacemos una idea de con quien hablamos y generalmente esta idea suele ser inamovible. Pero no siempre acertada.

¿Qué buscamos? Una animación infantil profesional. Una actuación que no sea simplemente un entretenimiento sino que haga de la celebración un día memorable -especialmente si se trata de magia infantil-. Siempre que al otro lado del teléfono me piden un descuento con la excusa de que “cualquier cosilla, es solo para tener quietos a los niños”, me rebelo. Cualquier cosilla puede valer para los adultos que -salvo pseudoartistas catastróficos- saben olvidar una actuación mediocre. Pero no para los niños que idealizan al mago o al payaso y no pueden entender por qué se sienten frustrados. No pueden racionalizar una avería en el equipo de sonido, por ejemplo.

Animación niños

Es verdad que hay quien se arropa de palabrería de marketing, una buena lista de testimonios inventados o grabados a los amiguetes y buenas fotos que… ¡no son suyas! La picaresca en esto no es solamente cosa de tradición española. Conozco a un estadounidense que se acerca a un teatro, por ejemplo a la actuación de Plácido Domingo. A la salida va con una cámara preguntando a los espectadores qué les pareció el espectáculo y luego pone estos testimonios en su web como si fuesen sobre su propio espectáculo. Para colmo vende un curso con trampas de este tipo. ¡Ver para creer!

Con la crisis surgen por todas partes empresas de animación como fiestas de empresa, despedidas, empresas de espectáculos infantiles, etcétera. Por una parte hay quien ha descubierto que en un fin de semana se puede sacar un sobresueldo para tabaco y hay quien ha descubierto que con la precariedad laboral puede pagar sueldos de hambre a monitores, pintacaras, payasos, músicos, magos…

Es difícil distinguir el trigo de la paja. Y como decía al principio apenas hay unos segundos para causar buena impresión en el posible cliente. En definitiva lo primero que le vendemos es confianza. Un espectáculo de confianza. Y uno puede tener un mal día y estar más seco al teléfono de lo que quisiera. O quizá esta conduciendo y tarda en contestar a la petición de información, o la web es complicada de leer, etcétera. Y el cliente se marcha sin saber lo que se pierde. Vivímos en la era de la prisa. Pero merece la pena tomarse un tiempo para ver algunas cuestiones sobre las que investigar:

-Tiempo que el artista lleva ejerciendo. -Dedicación exclusiva o parcial. -Especialización en el campo que necesitamos (una cosa es que un payaso infantil pueda ser también un monologuista de pub y un humorista picante para despedidas de solteros y otra cosa es que un payaso sea también, mago, cuentacuentos, maestro de ceremonias, etc. -Cobertura legal; si paga el Impuesto de Actividades Económicas o tiene un Seguro de Responsabilidad Civil que proteja al cliente de incidentes, por ejemplo. -¿Su material de marketing es realmente suyo? ¿Se le ve la cara en las fotos o vídeos de actuaciones? -¿Es identificable por un nombre real y un CIF además de por un nombre artístico que puede desvanecerse y ser ilocalizable ante una reclamación? Ya me ha ocurrido en tres de ocasiones ser contratado a las 16 h. para actuar a las 19 h. al no presentarse el artista que iba a a amenizar la sobremesa.  – Son creíbles sus referencias o son demasiadas y demasiado elogiosas. -¿Qué ofrece en qué precio? O sea, no se trata de comparar una actuación de magia de 1.200€ de otra de 600€ con otra de 300€ (por decir tres precios razonables), sino de saber en qué se diferencian los tres servicios: equipo de sonido, ayudantes, horas de montaje, etc. Un profesional puede ofrecerle un servicio más barato del ofertado inicialmente, pero también hay que saber por qué. Por ejemplo yo puedo ahorrar el equipo de sonido y de luz o unos 40 minutos de montaje si en vez de una actuación para 200 personas en el escenario del salón de una boda, me advierten de que se trata de actuar solo para los 15 niños de la boda y no para los 200 invitados. Del mismo modo desconfíe de quien baja el precio sin explicar en qué se ahorra y de quien acepte descontar un equipo de luz y sonido si realmente usted comprende que es necesario usarlo. Porque hay clientes que buscan ahorrar a toda costa, sabiendo en el fondo que con una tarta de ocho raciones no comen treinta. Encontraremos gangas, claro que sí, pero hay que preguntarse si son razonables: es imposible actuar por 100 euros -un precio con el que todo profesional pierde dinero- si hay 20 de parking, 15 de dieta, 20 de gasoil, 10 de autopista, más la parte proporcional de seguros sociales, impuestos, amortización de material, ropa, equipamiento, ensayos, etcétera.

Por cierto, otra cosa en que se suele buscar el ahorro es los kilómetros que ha de hacer el mago.  Pregunte si hay diferencia de precios según la distancia. La mayoría de mis espectáculos cuestan lo mismo en casi todo el norte de España, otros compañeros prefieren cargar kilometraje; no se ate a un artista local sin saber realmente si otro que le convence más puede amoldarse, no dé por hecho que el local sea más barato. No siempre lo es. Incluso puede ocurrir, aunque no es frecuente, que haya otro contrato cerca de usted, con lo que una actuación para teatro puede compensar acudir la víspera a un cumpleaños que de otro modo habría dicho no poder hacer.

Más sobre precios: no es solamente que lo barato salga caro. Es que un profesional puede ajustar mejor su propuesta cuanta más información se le facilite. Hoy en día el anonimato de internet hace que mucha gente pida información sin dar demasiados detalles por temor a comprometerse o porque solamente desea conocer un precio para tener una referencia y seguir buscando. Aquí el único criterio es el precio. Pero si me ha leído hasta aquí, usted sabe que el precio no lo es todo. Aunque nadie queremos pagar más de lo necesario, por eso conviene dar cuantos más detalles del evento mejor. Conozco a un mago a quien un teatro le contrató haciéndole creer que iba a actuar a una comunión. No es lo mismo pagar una comunión con el material técnico y humano que requiere, que pagar una actuación en un teatro, pues para empezar necesita cuatro o cinco horas de montaje. La diferencia en este caso era un precio de 4 a 1. El teatro se ahorró un buen dinero… Mi amigo tuvo la suerte de que llevaba en su camión también su espectáculo grande y pudo montarlo casi todo a tiempo. Cobró como una comunión -era lo contratado- pero hizo un espectáculo más grande. Porque a fin de cuentas el público va a juzgar lo que ve -al artista y su show- y un profesional prefiere ser engañado que engañar al público, desconocedor de los entresijos, pero que solo ve nuestra cara. Luego ya nos encargamos de tachar en la lista de clientes a este tipo de intermediarios. Pero uno no siempre va con su camión a las actuaciones pequeñas o no siempre lo lleva cargado con dos espectáculos. Hablar no cuesta dinero y cuando hay una comunicación fluída es difícil no encontrar un equilibrio entre la prestación que se va a dar y el presupuesto disponible.

Más arriba señalé que el cliente -yo también cuando lo soy- compra confianza. Con más motivo en magia para eventos de empresa y sobre todo en celebraciones familiares como magia en bodas, bautizos o comuniones, pues deseamos que sean memorables y muchos de ellos son irrepetibles. Por mi parte doy toda la información que se me requiere y a veces más, pues cualquier detalle que me revelen puede descubrirme un problema -incluso puedo decirle que no me contrate por no ser lo más adecuado para usted si por ejemplo desea que haga mi magia teniendo al lado y actuando simultáneamente a un grupo de rock: yo quedaré mal, usted descontento y el evento será una mala referencia sobre mí (sí, ha estado a punto de pasarme)-.

Asimismo cuido la venta y la “postventa” en la medida en que un servicio de este tipo puede hacerlo. Por ejemplo, no es el mismo tipo de contrato el que hago con clientes particulares que con empresas del sector o con ayuntamientos. En el caso de particulares intento visitar el lugar de actuación con antelación si la distancia lo permite. Cambiaremos impresiones y solucionaremos o mejoraremos cualquier eventualidad, se evitarán malentendidos y si hay de por medio un local de hostelería nos podremos coordinar sin molestarle el día del evento que es cuando no me pueden atender bien a mí. Si me da un anticipo como señal de contratación en firme y luego usted suspende por cualquier motivo de fuerza mayor esa señal no la pierde, sino que dispone de un año para ponernos de acuerdo en una nueva fecha. Si yo no puedo acudir por causa de fuerza mayor debidamente justificada como accidente o enfermedad buscaré una sustitución. En caso de que mi espectáculo no sea lo que esperaba no tiene que pagarme -es mi manera de hacerle ver que le daré lo mejor de mí mismo, pues solo vivo de este oficio mágico- (si se trata de instituciones o empresas los contratos ya llevan otro tipo de cláusulas de rescisión, aplazamiento o indemnización habituales en el circuito profesional). Por supuesto tengo una póliza de responsabilidad civil.

Hay finalmente dos detalles más a tener en cuenta y que rara vez suelen salir en la conversación entre mago y cliente. Uno es: ¿dónde has aprendido magia? ¿qué formación tienes? No existen escuelas con enseñanzas regladas. Aunque sí hay un par de escuelas de las que salen magos formados profesionalmente. Pero aquí empieza la picaresca: hay magos que se anuncian como alumnos de Juan Tamariz y lo que han hecho -como yo- es asistir a alguna de las conferencias que da en congresos y festivales de magia. Esto no es lo mismo que haber asistido a clase en la academia de su hija, donde hay un profesorado variado en las distintas especialidades y un plan de estudios serio elaborado por Juan Tamariz. Lo más lógico es que la formación sea ecléctica; cursos, talleres, seminarios, algo de formación actoral o de técnica teatral y si es posible una titulación académica de algún tipo, seguramente en alguna carrera de humanidades como magisterio, filosofía, sociología (es mi caso). Aunque no sea más que para no dar patadas al diccionario y tener criterio para evaluar qué lenguaje es apropiado o inapropiado según el auditorio.

El otro detalle es una percepción subjetiva ¿estoy hablando con alguien a quien le gusta su oficio? ¿hace animación infantil porque parece un dinero facilito? ¿se interesa por las edades de los niños, su carácter? Por ejemplo ¿ha preguntado si debe de saber algo como que haya un niño autista o un hermano menor celoso? Es decir: ¿me transmite ilusión por la magia infantil que me ofrece? …y ¿me la ofrece? ¿o sólo me habla de precios? Un detalle para detectar la ilusión es el compromiso sobre el tiempo de actuación. En mi caso y en el de la mayoría de compañeros, fijada la duración -yo aconsejo para niños una hora máximo- siempre pasamos de los sesenta minutos. Nunca nos interrumpimos como si nos cronometraran, acabamos entre 5 y 10 ó 12 minutos más tarde porque la participación del público, sus risas, sus aplausos, sus ganas de seguir hacen que esto sea así. Claro que nadie le va a decir que a los 59 minutos va a cortar el show pase lo que pase, pero hay un modo de saberlo. A mi me pusieron una vez una trampilla: me preguntan la duración, digo que una hora y entonces me piden no 15 minutos más, sino una hora más. Explico que puedo alargar el espectáculo entre la hora y cuarto y la hora y media, pero que no deseo hacerlo más largo a pesar de tener repertorio, especialmente en una actuación donde hay mezclados niños de 11 años con niños de 4 años. Me insisten porque las dos horas son necesarias por motivos de organización. Entonces ofrezco completar las dos horas con 30 ó 40 minutos de figuras con globos. El cliente duda. Yo le ofrezco regalar los globos pues no confío en una actuación de sobremesa en una comunión que dos horas de magia sea apropiado. Me dan el trabajo. Sorpresa: solamente querían una hora. Si llego a aceptar las dos horas sin dudar, después de afirmar que no es prudente tanto tiempo, no me hubiesen cogido, pues habría demostrado que mi criterio profesional se arrodilla ante el vil metal. Si hubiese insistido en no pasar de la hora sin ofrecer ningún tipo de alternativa tampoco me hubiesen dado el trabajo por mi falta de implicación. Porque sin ilusión ¿cómo ilusionar?

No es habitual ser tan quisquilloso ni indagar en todos los aspectos que he mencionado. Además nadie tiene tiempo de hacerlo, tomen mis consejos como una caja de herramientas, no hace falta usar todas. La conversación con cada artista de la animación infantil -o de la magia para adultos, lo mismo da, solo que yo soy especialmente sensible hacia un público que esta en proceso de maduración personal y que es muy influenciable- nos dirá si con un mago conviene sacar la llave inglesa o con otro mago los alicates. ¡Feliz cumpleaños! ¡Feliz comunión! ¡Feliz aniversario! ¡Feliz boda! ¡Feliz fiesta de empresa! ¡Feliz celebración!

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