¿A cuánto la hora de mago?

// septiembre 20th, 2011 // Consejos

"La vaca púrpura", Seth Godin

Parece una pregunta sencilla pero es muy difícil de contestar. Cuando no tenemos referencias de precios de un producto/servicio el criterio es nuestra disponibilidad económica, o quizá usamos como precio de anclaje el primero que nos han dado sin saber si estamos comparando adecuadamente. Por ello mismo tampoco sabemos si nos están engañando, dada nuestra ignorancia sobre el sector. Lamentablemente a veces es así­; todaví­a hay quien por el mismo producto/servicio pide un dinero distinto según intuya las posibilidades económicas de quien pregunta. Un profesional de verdad -que no esta en esto para un rato- aplica los mismos criterios para la misma demanda. Otra cosa es que si intuye disponibilidad de presupuesto ofrezca otras opciones más completas como complemento a la oferta principal.

Todo esto esta muy bien pero… ¿a cuánto la hora de mago?:

Pues no esta muy claro: depende de lo que usted necesite en esa hora de espectáculo. Piense que Ayala -célebre mago de Las Vegas- ha desplazado recientemente a España 13 toneladas de material (más personal especializado) para unos 10 ó 12 minutos de actuación. Simplemente no puede cobrar por sus diez minutos menos que Juan Tamariz por dos horas de magia con naipes, aunque ambos tuvieran una categoría similar.

Es un ejemplo extremo claro, pero yo tengo unos gastos fijos de material, amortización, transporte, sea cual sea el espectáculo que requiera de mi repertorio: sonido profesional hay que instalar lo mismo para una hora que para veinte minutos, mi vehí­culo requiere la misma amortización y mi cuota de la seguridad social no se reduce por hacer menos tiempo, lo mismo que el importe anual de la póliza del seguro de responsabilidad civil que le protege a usted y a su evento. Ningún artista -ninguno- valora su espectáculo por horas. Una vez que sabemos de que tipo de evento se trata, número de espectadores, edad, si estarán de pie o sentados, etc, un profesional le ofrecerá la opción más adecuada desde su experiencia. Y esto se refiere tanto a material técnico, como tipo y tono del repertorio, o tiempo de prestación.

Contratar servicios artí­sticos parece diferente de hacerlo con otro tipo de proveedores y lo es. Seth Godin -el gurú del marketing traducido a treinta idiomas y que ha escrito entre otros éxitos de ventas «La vaca púrpura»- lo explica en su blog, tan recomendable y del que resumo con mis propias palabras:

No es lo mismo tratar con un proveedor que con un «artista». A un vendedor no siempre le importa lo que vende mientras le paguen. El modo de transacción rara vez afecta a la calidad. Usted intenta obtener el precio más bajo con una contraoferta, se llega a un acuerdo, se firma el contrato y recibe la prestación de un servicio de consultorí­a o de limpieza. Pero si tratas a un artista como a un vendedor con frecuencia obtendrás resultados mediocres. La diferencia es que el vendedor no tiene una implicación emocional con lo que vende, se centra en el volumen, plazos de entrega y pago, etc. Las relaciones son impersonales. Estoy de acuerdo con Godin (véase el post original y más desarrollado en su blog (http://sethgodin.typepad.com/seths_blog/2011/09/talent-and-vendors.html) Yo mismo me he sorprendido rechazando recientemente un contrato sencillamente porque no es que no pueda cumplirlo, es que no se daban las condiciones adecuadas para que el trabajo quedase bien. No se trata de una vanidad de artista. Muchas veces el único objetivo de quien contrata es rellenar un hueco de tiempo entre sesiones de trabajo, o dejarte con los niños mientras los adultos toman una copa. Y no me parece mal, nunca preparo el repertorio en función de mis gustos, sino de la idoneidad de quien va a ver mi show y de sus objetivos. Pero me niego a hacer magia mental en una comunión, o a hacer un espectáculo de tres horas aunque me las paguen. Del mismo modo he aconsejado contratar otro tipo de entretenimiento si me parecía que un mago no iba a quedar bien. Cuando requieren a un ilusionista es para un evento o día especial. Quien contrata quiere obsequiar con unos momentos de magia y felicidad a los suyos (o a sus clientes VIP, a sus empleados, etc.) no todo es cuestión de dinero -aunque desde luego el presupuesto debe detallar qué se esta pagando- sino de oportunidad, de condiciones técnicas, etc. Por eso deben darse todos los detalles posibles a los artistas, pues presupuestarán desde el conocimiento: usted sabe qué desea, pero los medios concretos no los conoce, se los deben ofrecer. A veces nos tratan como a proveedores con una tarifa en la mano y rara vez esto es lo más importante. A fin de cuentas si a usted no le encaja el precio no pasa nada, yo tampoco compro todo lo que me ofrecen, pero si le gusta el precio y el espectáculo no tiene éxito no hemos resuelto nada. Y sobre qué cosas tienen éxito y cuáles no, en cuanto a espectáculos lo frecuente es que yo sea el experto. Del mismo modo que un arquitecto de interiores puede aconsejar que un color en su cocina le acabará cansando, yo puedo aconsejarle sobre el entretenimiento en su evento. Al final se trata de comunicación ¿no debería ser eso un presupuesto? ¿no debería tener calor humano?

Desconfíe de los artistas que se comporten como vendedores/proveedores. (No es malo ser un vendedor/proveedor, la mayor parte del tiempo tratamos con ellos, quizá el lector sea uno de ellos; se trata de que en asuntos artísticos, mal artista es quien no oferta sus servicios desde una implicación con las necesidades y anhelos de sus clientes que vaya más allá de la relación puramente comercial.)

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